Tuesday, September 1, 2009

Comparándonos con los Otros



“Cuando nos dedicamos a compararnos con otros, se nos gastan las energías y las fuerzas se nos agotan.”

Alicia Rada




Por muchos años viví de esta forma, gastando mis energías y utilizándolas en comparaciones, críticas, justificaciones personales, y buscando los defectos de otros para sentirme mejor.

Nunca estuve conforme con quien era, como era, como actuaba o como era mi vida. Siempre buscaba mejorar todo y el perfeccionismo que nunca llegué a alcanzar, me estaba secando interiormente.

Un Pastor muy conocido llamado Edwin Lemuel Ortíz dice que “una historia siempre ayuda” así que les voy a relatar una.


En una ocasión participé de una competencia de canto. Practiqué muchísimo, muchas horas, en la escuela con el profesor, en mi casa, en la regadera, etc. Por muchos días y semanas, me mantuve enfocada solo en eso y estaba decidida a llevarme el premio mayor como en ocasiones pasadas. Mis oponentes eran menos experimentados que yo y tenían menos preparación. Sin embargo me confié y un fin de semana antes del concurso me fui a la piscina y a causa de eso me dio Bronquitis. Por mi desobediencia, tuve que participar del festival con Bronquitis. Mi profesor Harnys Silva, me había recomendado no ir a la piscina pero sin embargo fuí. Llega el día de la competencia y participo; canto espectacularmente bien, todos aplaudieron de pie y gritaron porras a mi nombre. Todos me daban por ganadora. ¡Era obvio! Dan los resultados, y cuando van a decir el 2do lugar para este conocido concurso a nivel regional, llaman mi nombre en el 2do lugar. ¡Me tomo por sorpresa! Como es posible? decíamos la mayoría! ¡Esto es un fraude! Ganó otra muchacha, quien canta muy bien, pero por mis ínfulas de superioridad, me confié y me descuidé. Por compararme constantemente y justificar mis defectos, Dios me dio una lección de obediencia.

Luego de eso ocurrió lo mismo con otro festival de canto y aunque notoriamente había una diferencia entre las cualidades de la persona que se llevó el premio y mis cualidades, otra vez el premio se lo llevo otro.

Esta historia trae a mi memoria la escritura que dice:

1 Corintios 9:24-27 (Nueva Versión Internacional) “24 ¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero sólo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan.25 Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre.26 Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire.27 Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado.”


Claramente el apóstol Pablo, se refería a buscar el premio mayor, el premio que vale la pena buscar, el premio por el cual debemos luchar a diario y este es la Salvación. Ahora, no estoy hablando en estos momentos de Salvación, pero ¿que pasaría si te digo que parte de mantener tu salvación, es ¡dejar de compararte con los demás!? ¿Porque pasamos nuestros días comparándonos y criticando a otros sin detenernos a examinar nuestras faltas y defectos? estos podrían repararse con un poco de humildad y de esfuerzo.


En esas “carreras” en las que yo competía, refiriéndome al día a día, una competencia con los demás constante, siempre resultaba ganando solo 1, y ese uno era el enemigo, pero no me refiero al Diablo a quien siempre vivimos echándole la culpa de todo, sino que me refiero a nosotros mismos. Alicia, ¿que enredo tienes, como que enemigos de nosotros mismos? Les explico, ese 1 que ganaba, en realidad no gana, porque si se dan cuenta más adelante en el versículo, dice: Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder, entonces ¿creen que en realidad hay alguna ganancia en esta competencia? Yo creo que en realidad, NO.

Dice mi Pastor a quien también considero mi padre, José Renato Ramos, que “Perdiendo se Gana”, pero también podemos decir lo inverso, que “Ganando se Pierde”. Una canción de Gilberto Santa rosa dice que “Todo lo que sube tiene que bajar”, pero si estamos en Cristo subiremos y no bajaremos. Esa debe ser realmente nuestra meta, SUBIR pero no en las áreas de esta tierra, sino subir a encontrarnos con nuestro creador.

Ahora, no nos pongamos muy religiosos aquí, no me refiero con SUBIR a que no se puede progresar en la vida, ¡NO! Debemos de prepararnos, estudiar, buscar mejoras, pero hay varios principios claves que debemos aplicar para que esto suceda con éxito. (Luego les digo cuales tal vez en otro blog.)


Ahora, ¿haz obtenido alguna vez unos de estos premios que se echan a perder? ¿Te haz detenido a pensar que al compararte con otras personas puede que tu satisfacción sea temporal? Yo estoy segura que las personas que se comparan con otros necesitan reafirmar cual es su identidad. En una época de mi vida me vi sin identidad. ¡Si! Tenía una crisis de identidad. Cuando muchas personas veían en mi áreas positivas y únicas, YO NO LAS VEIA. No las veía porque veía cualidades en otras personas que yo quería tener. Era como querer ser otra persona. No estaba conforme como Dios me había hecho. Fue cuando me detuve a pensar que El me hizo única, me hizo como ninguna otra criatura viviente en este mundo, muchas se llaman Alicia (creo que hasta hombres), pero hay solo 1 Alicia con las huellas digitales que yo tengo de los más de 7 Billones de habitantes que hay en la tierra, y no solo soy única en ese sentido, sino que el Dios que creó todo, se dedicó a crearme ¡antes de la fundación del mundo! (Salmo 139).


Leía este salmo y mi corazón palpitaba fuertemente, porque dice: “todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.” Que belleza… saber que el mejor diseñador diseñaba mis días antes de que ocurrieran y así como lo hizo conmigo lo hizo con todos, ya El diseño a mis hijos y nietos, y a todos por igual.

Me quiero detener en esta palabra: “Igual”; aunque todos somos iguales somos diferentes. La palabra “igual” significa según el diccionario de la lengua española:


“Que tiene la misma naturaleza, cantidad, calidad, valor o forma que otra u otras personas o cosas, o que comparte con ellas cualidades o características comunes o parecidas”.


Esto no quiere decir que somos idénticos o como diría mi abuelita Luisa “igualiticos” (con ese tonito gocho).

Dios se tomó el tiempo para diseñarnos (Génesis 2:7) y uno por uno nos formó ¿saben de que? del polvo. Perdónenme los que no creen en esta teoría, pero entonces ¿porque cuando morimos nos convertimos en polvo? ¿No será porque de ahí venimos?, si somos “iguales” sabiendo que igual quiere decir similar, misma naturaleza, y mismo valor, ¿porque buscamos ser mejores o destacarnos para sentirnos superiores o únicos? Recuerden que YA somos únicos desde antes de nacer.

Particularmente, cuando estaba maaaaas joven, más joven porque todavía lo soy, siempre sentía la necesidad de “competir”, y no solo de competir sino de competir para ganar. Siempre quería ser la más amigable, la más inteligente, la más bonita, la más arreglada, la más loca, la más divertida, la mas caritativa, la mas mas mas!


Como una Historia Siempre Ayuda: En una ocasión llegué a tener la calificación más alta de mi clase cuando me gradué de 9no grado, (*como decir pasar de Middle School o Junior High a Highschool) y ya yo me sentía parte de la NASA por haber sacado el puntaje más alto de toda mi clase (Oh! Wao!); siempre quería ganar los festivales o competencias de canto en las que participaba como les conté anteriormente, porque “tenia la mejor voz” ¡un talento al descubierto! ¡Todos! ¡Sepan que Alicia es la mejor! Llegué a creérmelo tanto que me hinché como una bomba (globo), y hasta un día creí saber más que mi profesor Harny Silva (mas de 30 años de trayectoria nacional e internacional) quien con dedicación y paciencia me enseñó la mayoría de lo que se acerca del canto.

Ahora, yo era tan solo una adolescente cuando esto ocurría y detrás de esa necesidad de fama, aceptación, superación, ínfulas de superioridad, etc., había un vacio interminable y una necesidad de ser amada y protegida que todos los seres humanos tenemos pero que mal fundada se fue arraigando la raíz en mi corazón y llegó a afectarme en mi adultez.

Por el hecho de haber crecido sin mi padre biológico, mi mami y mi abuela trataron de llenar esa área con halagos y cultivando mi “super Autoestima” con esto no quiero decir que ellas lo hicieron con mala intención, al contrario, lo hicieron con un motivo correcto (apoyarme para ser exitosa en la vida a pesar de esta situación) pero de la forma incorrecta. Al pasar los años, esta “Super Autoestima” cultivada y basada en comparaciones con otros, me llevó a el sub-suelo, como les conté en mi blog anterior (Llenando el Vacío con Dieta), pasé por momentos de depresión crónica donde el vacío de mi vida estaba consumiéndome. Esta vida en una constante carrera me tenía ¡sedienta! Ya no podía mas.


Me detuve en las escrituras (Juan 4) y analicé la historia de la mujer samaritana donde Jesús le dice a esta mujer que si bebe del agua que el da no tendrá sed jamás, les recuerdo o digo a los que no se saben la historia de esta mujer, ella no tenia una vida muy agradable a Dios, ella había tenido muchos maridos y era promiscua, también tenia una relación con un hombre casado cuando se encontró con Jesús y sabemos que tener este tipo de vida no es agradable a Dios porque El no nos diseñó para vivir así, (hay alrededor de 24 versículos y hasta mas que encontré referente a la fornicación o sexo fuera del matrimonio y adulterio) particularmente, creo que la mujer samaritana tenía una “Crisis de identidad” como yo la tuve, como tal vez tú la tengas o hayas tenido, esta mujer no sabía que su creador la había diseñado para ser feliz, para tener un esposo que la cuidara y amara, y que esperar por los días que ya Dios había diseñado para ella le aseguraría su verdadera identidad. Wao, esto me edificó.

La mujer Samaritana es confrontada con sus verdades y también le es revelado que ya no tiene porqué seguir en esta carrera sola, ha conseguido el verdadero destino de la carrera que ella buscaba pero no hallaba. Recuerden que buscamos los premios, pero se echan a perder, si buscamos el premio del agua que da Jesús, no estaremos sedientos como yo estuve una vez a causa de la carrera de mi vida. Este premio no se echa a perder.


Cuando determinamos y aceptamos nuestra verdadera identidad con la que venimos desde el vientre, no hay lugar a comparaciones para buscar cualidades que no nos pertenecen.

Basándonos en el concepto de “igual” misma naturaleza, o que comparte con ellas cualidades o características comunes o parecidas”. En un cuerpo, ¿crees que el ojo puede ser corazón? O ¿la mano puede ser pie? O ¿crees que los glóbulos blancos pueden ser plasma? Así mismo todos siendo iguales somos diferentes, no hay idénticos, todos tenemos una función que desempeñar diferente.


Respeto las diferentes creencias de cada quien, sin embargo permíteme decirte que cuando nos comparamos con otros, nunca vamos a llegar a ser felices, si debemos compararnos con alguien es con Jesús. Tenemos que reconocer que El es el hombre mas famoso de la historia y si queremos ser como alguien queremos igualar a una persona famosa por lo que es, para bien o para mal Jesús es nombrado siempre, los ateos se la pasan criticando a Jesús, los Judíos enseñan profundamente en contra de Jesús, los musulmanes lo aceptan como profeta, y los Satanistas lo odian pero no pueden resistirse a su poder. Entonces, Jesús es: criticado, desechado, “aceptado”, odiado y temido. El es controversial, y ¿no es eso lo que los humanos andamos buscando? ¿ser controversiales? ¿ser renombrados y poderosos? Pero déjenme recordarles que con todo eso, nunca seremos monedita de oro para gustarle a todos, o para ser aceptados.

Si quiero ser como alguien quiero ser como Jesús, El mismo nos enseñó a seguirlo como modelo, diciendo: 29 Obedezcan mis mandamientos y aprendan de mí, pues yo soy paciente y humilde de verdad. Conmigo podrán descansar. Mateo 11:29

Descansar, eso es lo que busca una vida sedienta, descansar. Con Jesús podemos descansar pero la forma de descansar es tomando ese paso que tomó la mujer samaritana. Él le dio del agua que no le dará sed jamás, pero también ella aceptó la identidad que Jesús le dio, al darle la importancia que tenemos para Dios. El, sin juzgarla, le hizo saber que es importante y que ella es aceptada.


Me llama la atención que en ese mismo capítulo dice Jesús que: uno es el que siembra y otro el que cosecha, pero que los dos se alegraran juntos cuando se recoja el fruto. Esto también demuestra que no todos somos idénticos y que cuando entendemos nuestra labor en la vida, no estaremos buscando mas allá de lo que podemos hacer.


Espero no haberte ofendido con ninguna palabra o frase pero es mi labor compartir contigo lo que Dios ha hecho en mí porque como te conté anteriormente, me encontré en una “Crisis de Identidad” por compararme a otros y competir para ser mejor. Tal vez no te identifiques con esta carrera que muchos corremos o hemos corrido, pero te puedo decir que nunca llegaremos en esta vida a la perfección, así que vivamos hoy porque mañana no ha comenzado todavía.

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